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Andalucía is unique within Europe for the diversity of its
agricultural production. However, with the increasing encroachment
of European policies taking precedent over domestic ones, how will
the industry survive?
Despite the decline of the primary sector over the years, agriculture
and forestry still remain the main land users in Europe, and rural
areas account for 90% of the territorial mass and home to approximately
half of the population, therefore playing a key role in the management
of natural resources and socio-economic development.
Andalucía has a rich agricultural tradition, which began in
1000BC when the Pheonicians and Greeks started trading. By 206 BC,
the area was in Roman hands and largely due to agriculture; Andalucía
was one of the wealthiest parts of the Empire, which continued with
the Moorish invaders who brought their cultivating skills.
The traditional shortcomings of Spanish agriculture are excessive
land fragmentation where large tracts of land are in the hands of
a few. A gradual change began in the 1950s, when prices rapidly increased
and between 1960 and 1973, 1.8 million migrated to urban areas, and
by the mid eighties, only 15% of the population were engaged in agricultural
work as opposed to 42% twenty years earlier. However, this is still
twice as high as the EC average, although it is becoming less of a
way of life and more a way of simply making a living.
EC membership and the Common Agricultural Policy (CAP), was aimed
at supporting each member state’s farming sector, but in Spain,
opinion is still divided as to how it is affecting Spanish agriculture,
where a domestic system of price supports had traditionally protected
the weaker parts of the nations farm sector.
Following the oil crisis in 2000, which saw a marked increase in the
price of petrol, the previous government gave subsidies to farmers,
which the EU opposed. Spain must tow the European line, but arguably
this has not always resulted in positive outcomes.
“Intensive olive farming is a major cause of one of the biggest
environmental problems facing Europe today” said Elizabeth Guttenstein,
WWF’s European Agriculture Policy Officer “Olive farming
could be a model for environmentally and socially sustainable land
use in the Mediterranean region. Instead EU subsidies for olive farming
are driving the Mediterranean environment to ruin.”
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Andalucía es
única en Europa dada la diversidad de su producción agrícola.
Sin embargo, con la creciente intrusión de las políticas
europeas que se sobreponen a las nacionales ¿Qué posibilidades
tiene la industria de sobrevivir?
A pesar del declive del sector primario a lo largo del tiempo, la agricultura
todavía ocupa grandes extensiones en Europa, donde las zonas
rurales alcanzan el 90% del territorio y albergan aproximadamente la
mitad de la población, jugando así un importante papel
en el control de los recursos naturales y el desarrollo socioeconómico.
La rica tradición agrícola de la región andaluza
comienza aproximadamente en el año 1000 AC, cuando fenicios y
griegos empiezan a desarrollar el comercio. Por el año 206 AC.,
la zona ya pertenecía a los romanos y estaba ampliamente dedicada
a la agricultura. Andalucía fue una de las regiones más
ricas del imperio y continuó siéndolo tras la invasión
de los moros que introdujeron sus propias técnicas de cultivo.
Uno de los vicios tradicionales de la agricultura española es
la excesiva fragmentación, por la que grandes extensiones de
tierra están en manos de unos pocos. Con la subida de los precios,
en la década de los 50, se empezó a producir un cambio
gradual y entre 1960 y 1973, 1.800.000 personas emigraron a zonas urbanas.
Ya a mediados de los años 80, sólo el 15% de la población
se dedicaba a la agricultura, frente al 42% que lo hacía veinte
años antes. Aún así, esta cantidad es el doble
de la media europea, si bien la actividad agrícola supone cada
vez menos un modo de vida, y más un recurso de sobre vivencia.
Los miembros del Consejo Europeo y la Política Agraria Común
(PAC) tienen como objetivo apoyar al sector agrícola de cada
estado miembro, pero en España, debido a la política proteccionista
que beneficia a las partes más débiles del sector, hay
todavía muchas voces divergentes acerca de cómo afecta
la reforma a su producción.
Como consecuencia de la crisis que en el año 2000 elevó
el precio del petróleo, el gobierno anterior concedió
ayudas a los agricultores en contra de las disposiciones de la Unión
Europea.
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European reforms to cut the price of sugar, which will see prices
drop by 20% next year and down by 33% in 2007 are also causing concern.
Most European farmers do not want the reforms and in Malaga, the region
that produces most of the sugar in Europe, job losses and factory
closures are inevitable, and could even signal the end of the once
thriving industry that stretched from Malaga to Nerja.
The way forward is sustainable agriculture that responds to economic,
social and ecological challenges. Organic agriculture is increasingly
taking hold of the conscience on the part of the consumer and has
become one of the more dynamic agrarian sectors within the European
Union. Organic growers in Andalucía are especially favoured
for developing sustainable agriculture, thanks to educational programmes
and the technical support of the Comité Andaluz de Agricultura
Ecológica, the governing body for organic agriculture in Andalucía.
In the last five years the sector has been strengthened by E. U. grants,
with ever-increasing numbers of registered organic farms. The area
of land farmed organically has increased from just over 2,000 Hectares
in 1992 to 70,872 at the beginning of the century. However, for the
traditional farmers, the new reforms of the Common Agricultural Policy
(CAP), could spell disaster. Geared towards consumers and taxpayers,
´single farm payments´ with criteria’s such as respecting
the environment, food safety and animal welfare standards may sound
laudable on paper, but severing the link between subsidies and production
will inevitable make the market more competitive. Not surprisingly
these reforms have not gone down well with Spain’s´ agricultural
minister Elena Espinosa, who is fiercely opposed to reforming subsidies
for tobacco, cotton and olive oil production. “This decision
sends a strong signal to our farmers, consumers and taxpayers: Our
new policy is geared towards a competitive, environmentally friendly
and quality oriented farming sector”, says EU farm commissioner
Franz Fischler “For Europe there is no way back. We are ploughing
on with our reforms to make our farm policy less and less trade distorting”.
What all this will mean in practice remains to be seen as the new
reforms take effect. There is certainly growing widespread disillusionment
amongst farmers in Andaluíca, where the future remains unclear
and very much in the hands of the Government to fight their corner
in Brussels.
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Y España debe aceptar lo que
Europa diga, lo cual no siempre tiene resultados positivos. “El
cultivo intensivo de aceitunas es una de las causas de los grandes problemas
medioambientales que tiene hoy en día Europa”, decía
Elizabeth Guttenstein, agente de agricultura europea de la conocida World
Wide Fund for Nature (WWF). Y añadía que “el cultivo
de olivos podría ser un modelo sostenible para el Mediterráneo,
tanto en el aspecto medioambiental como en el social. Sin embargo, los
subsidios europeos para este tipo de cultivo están conduciendo
al medio ambiente mediterráneo a la ruina”. Preocupan también
las reformas europeas para recortar el precio del azúcar, el cual
bajará en 20% el año que viene y hasta el 33% en 2007. La
mayoría de los agricultores europeos no quieren las reformas y,
en Málaga, provincia que produce la mayor parte del azúcar
en Europa, la pérdida de puestos de trabajo y el cierre de fábricas
se ven como algo inevitable, y hasta podría significar incluso
el final definitivo de una otrora floreciente industria a lo largo de
toda la costa desde Málaga hasta Nerja.
El camino es la agricultura sostenible, que responda a los retos económicos,
sociales y ecológicos. La agricultura ecológica está
calando cada vez más en el consumidor y ha llegado a ser uno de
los sectores agrarios más dinámicos de la Unión Europea.
Este tipo de agricultura recibe programas educacionales y apoyo técnico
por parte del Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (CAAE),
dependiente de la Junta de Andalucía. En los últimos cinco
años, el sector ha recibido fuertes ayudas de la Unión Europea,
con un crecimiento del número de registros de áreas ecológicas,
de modo que se ha pasado de sólo 2.000 hectáreas de cultivo
ecológico en el año 1992 a 70.872 a principios de siglo.
Aún así, para los agricultores tradicionales, las nuevas
reformas de la PAC pueden suponer un desastre ya que están más
dirigidas a los consumidores y a los contribuyentes que a beneficiar a
los antiguos productores. Criterios como el respeto al medio ambiente,
la seguridad alimentaria y el bienestar animal quedan muy bien en el papel
pero harán más competitivo el mercado. No sorprende que
estas reformas no hayan caído bien a la Ministra de Agricultura,
Elena Espinosa, quien se opone ferozmente a las reformas de las ayudas
a la producción de tabaco, algodón y aceite de oliva y dijo
que “Esta decisión alerta a nuestros agricultores, consumidores
y contribuyentes”. Sin embargo, el comisario europeo Franz Fischler
afirmaba “nuestra nueva política está dirigida a conseguir
un sector agrícola de calidad, competitivo y amigo del Medio Ambiente”,
y añadía que “para Europa no hay vuelta atrás.
Estamos haciendo camino con nuestras reformas para lograr una política
agrícola menos distorsionada por el comercio”. Todo lo que
esto signifique se verá en la práctica cuando las nuevas
reformas se hagan efectivas. Donde ciertamente está creciendo la
desilusión es entre los agricultores andaluces, cuyo incierto futuro
está en manos de la lucha por su espacio que el gobierno español
se dé en Bruselas.
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